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Barcelona, terapéutica

A los barceloneses nos gusta dárnoslas de internacionales y cosmopolitas, pero la idea de vivir en otra ciudad que no sea Barcelona nos provoca ataques de asma y ansiedad. Barcelona es perfecta. Toda su esencia está en la calle.

Barcelona puede convertir en artista a cualquiera. De repente somos fotógrafos, pintores, escritores o cineastas pero hoy quiero ser visitante. Quiero cerrar los ojos. Aquí arranca mi recorrido. En pleno centro de la ciudad. ¿Te apuntas?

Viajo en el AVE camino de la estación de Sants. Tengo muchas ganas de pisar el centro. Deseo plantarme en medio de la Plaza Cataluña. Quiero oler las flores que las floristas tienen en La Rambla. Una rambla que recorro de arriba abajo, en la dirección en la que baja el agua hasta el mar.

La Rambla está divida en pequeños tramos, cada uno con su personalidad y sus personalidades. Camino en una línea recta. La misma que conecta el centro de la ciudad con el mar. Quioscos, teatros, floristas, terrazas, tiendas comerciales e infinidad de restaurantes.

Miro a la derecha y dudo si entrar en el Raval. Giro mi cabeza a la izquierda y pienso en tomar un vermut en la Plaza Real. Paso por delante del Liceo.  Decido seguir caminando en línea recta. Quiero aprovechar cada segundo que pasa. ¿Mi objetivo? Contar las cien primeras olas que vea en el mar como terapia.

El tiempo juega a favor. Me propongo gastar las suelas de las zapatillas y emborracharme de pan con tomate. Quiero escuchar el sonido de los músicos de la Catedral y el Gótico. Quiero consumirme y mezclarme con la gente de Born y broncearme en cualquier terraza de la Barceloneta. Pero antes quiero respirar el Mediterráneo.

broncearme en cualquier terraza de la Barceloneta. Pero antes quiero respirar el Mediterráneo.

Llevo 40 minutos caminado. Dejo la rambla, saludo a Colón y recorro los últimos metros del pase Joan de Borbó. Ahí está. Veo su belleza, la contemplo y empiezo a escuchar su musicalidad. Me encuentro con la playa. Me siento en la arena y empiezo a contar. Una, dos, tres… Y así hasta llegar a las cien. Ésta es sin duda la mejor terapia en uno de los mejores sitios del mundo.  Amo Barcelona.

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